Soy Alfonsina Falvella y hace 18 años fundaba esta marca de zapatos casi sin darme cuenta de lo que vendría.
Después de terminar la escuela secundaria, me di cuenta de que las horas que había dedicado desde chica a dibujar figurines y colecciones de ropa debían tener un destino asociado a mi salida laboral. Fue así que me anoté en un curso de diseño de indumentaria que me aportó conocimientos que enmarcaron mi pasión por el diseño. Había terminado el curso y necesitaba trabajar, por lo que agarré lo que en esa época eran los avisos clasificados y fui en busca de un trabajo de vendedora en una prestigiosa zapatería de la Avenida Alvear.
Trabajaba 10 horas por día y me gustaba muchísimo todo lo que pasaba ahí; cada zapato que llegaba era para mí un descubrimiento y aportaba mi opinión, lo que llevó al dueño de la zapatería a elegirme como sucesora cuando la diseñadora renunció. Es así que, a los 3 meses de ingresar, ya había pasado a fábrica. Aprendí tanto en ese lugar, trabajando en el día a día con los artesanos de oficio. Al poco tiempo me dieron la oportunidad de viajar a Europa para elegir la colección, ver tendencias y ahí terminé de abrir mi cabeza a un mundo tan hermoso del que nunca más pude salir. Pasaron los años, conocí gente y seguí aprendiendo. Pasaron unos 4 años trabajando para marcas, desarrollando productos para terceros, hasta que un día decidí armar una feria en mi casa vendiendo todos los remanentes que me quedaban de las producciones que hacía para otros. Esa fue la primera de muchas ferias en las que la concurrencia de gente era muchísima.
Ante tanta demanda, tuve que encontrar un lugar para poner mis zapatitos y para que la gente que quería venir fuera de la fecha de la feria pudiera hacerlo. Así fue como abrí mi primer showroom y me animé a hacer la primera colección que llevó mi nombre. Asi empezaba a gestarse Alfonsina Fal.
Luego vinieron los showrooms de Velasco, Castillo, el local de Armenia y los dos de Gurruchaga, hasta llegar a Casa Fal en Godoy Cruz, donde actualmente las recibo con la calidez de una casa.
En todo este camino aprendí, me desilusioné, conocí gente hermosa, crecí como marca, avancé, paré y miré a mi alrededor, y decidí qué quería de este trabajo. Hoy decidí ser la única boca de expendio de mis zapatos; luego de tener 40 mayoristas, entendí que no quería perder la cercanía con las clientas. Decidí compartir mi mundo, que hace que mi trabajo sea el que es. Por eso no solo comunico el producto, también lo hago con mis espacios, mis libros, mis viajes y contándoles acerca de los procesos y de la inspiración, dos temas a los que les dedicaré más líneas en próximas publicaciones. Es un placer tener este trabajo, esta comunidad y este espacio donde, mirando para atrás, puedo volcarles parte de mi historia. Nos encontramos en breve con más partes de este camino para compartir.
